Tras años perfeccionando la receta en Buenos Aires, Marcelo sabía que la empanada daba para mucho más. Junto a Sandra, el motor del proyecto, decidieron dar el salto y montar su propia fábrica. No querían abrir un local más; querían llevar el auténtico sabor argentino a otro nivel.
Empezamos en Sitges con una premisa simple: calidad innegociable. El plan era ir paso a paso, pero el boca a boca hizo su magia. La gente no solo volvía, sino que traía a sus amigos. La demanda se disparó y nos dimos cuenta de que habíamos creado algo más grande que un menú: habíamos creado un club.
Mantenemos la dedicación del primer día, pero le sumamos un toque de innovación. Nos enorgullece tener una carta con más de 20 sabores donde conviven los clásicos intocables con opciones de autor que no te esperas. Ingredientes de primera, cero excusas.
El producto siempre mantiene o supera el estándar que esperás.
Crecemos con orden, construyendo marca, no solo beneficios...
Cada compromiso se cumple. La confianza se gana.
Equipo, socios y clientes son parte del club.